Posted: May 23rd, 2010 | Author: contraplano | Filed under: Uncategorized | No Comments »

Lo que se pinta, nos dice John Berger, sobrevive bajo la protección, el cobijo de la pintura, al abrigo de lo que ha sido visto, no solamente por que el artista ha sido testigo de un hecho, sino por su capacidad de revelar un sustrato invisible de nuestra experiencia humana. El hogar de una pintura verdadera es este cobijo, afirma Berger.
La historia del arte ha tratado de desentrañar este mundo con principio y sin fin del espacio pictórico e intentar entender de qué manera se sitúan y funcionan los enigmáticos procesos que hacen visible un mundo de representaciones que antes no existía.
La interpretación de las obras, sin embargo, sólo aporta algunos indicios históricos, contextuales y biográficos para situar a la pintura dentro de un conjunto de obras que conforman un relato dominado por el tiempo, atado a las situaciones de época.
El acto de pintar y el de mirar una obra de arte pictórica son dos procesos que determinan un encuentro en el que el tiempo recupera una experiencia y es dominado por un ojo observador que intenta encontrar su sitio de espectador, pero también el de protagonista de ese espacio ilimitado en su subjetividad y limitado en la percepción de un objeto de determinada dimensión y forma.
Desde este lugar regreso, he regresado y lo seguiré haciéndo, a la obra de Sergio Villar.
¿Qué ha visto y ve Villar para que sus pinturas guarden tan celosamente la preciosa membrana de la composición? ¿Por qué las pinturas de Villar se instalan detrás de los temas que sugieren e impactan desde un espacio de visibilidad sin tiempo?
Postularé sólo algunas imprecisiones que sin embargo, tratan de sostenerse sobre la lógica interna de las obras.
Los cuadros de Sergio Villar son el resultado de una serie de gestos rituales; es decir los trazos, las enmiendas, la provocación de la mixtura de técnicas y materiales, han sido convocados como quien espera de la alquimia la luz del oro; con la diferencia de que en la obra de Villar lo que se muestra es la vitalidad, la seducción de armonías formales. Villar pinta con fuerza para invocarla, para provocarla.
Esa fuerza que espera y busca, aparece como una necesidad urgente de la naturaleza, de una reconciliación posible en el plano de la representación, aun cuando el tema de las pinturas no tenga un vínculo directo con el mundo “natural”; el ejercicio formal con que se resuelven las pinturas y los materiales que se usan migran su sentido, regresan a la ondulación del agua, al color de la arcilla, a la búsqueda de las formas posibles del árbol.
Es por eso que como, de otro modo y con otras intenciones en algunas obras de Holbein, las obras de Villar son táctiles, invitan a revelar lo que ven no sólo por el encuentro del ojo con las formas, sino también por la topografía texturada que conforman. Para eso Villar, renombra los materiales, los vuelve rayos o círculos en medio de un fondo trabajado desde un plano infinito.
Es por esto que la Pintura de Sergio Villar inquieta la experiencia del observador que ve en ese pacto compositivo del autor con el mundo, un gesto político sobre el propio arte de pintar y una revelación sobre el futuro posible de una humanidad que, en los cuadros de Villar encuentran una salida y una esperanza.
Claudio Asaad / Profesor universitario

Esquema compositivo: conjunto de líneas maestras que organizan los espacios donde van a estar situados los elementos visuales. Suelen estar formados por figuras geométricas, líneas rectas y curvas relacionadas entre sí o redes modulares (esquemas compositivos simples) Los esquemas compositivos compuestos combinan en un mismo tema dos o más esquemas compositivos simples
Posted: May 23rd, 2010 | Author: contraplano | Filed under: Uncategorized | No Comments »
DERECHO A LA CULTURA
El derecho a la cultura invoca múltiples aspectos de la vida social; definiciones legales, instituciones educativas, medios de comunicación y políticas estatales muestran distintas caras de este complejo mapa de la cultura. Todas ellas, sin embargo, se insertan en un escenario mundial marcado por la globalización y las nuevas tecnologías, pero también en un contexto de creciente desigualdad social. Así, la imposición de una cultura mundial y homogénea se aleja de la tan mentada diversidad cultural, silenciando las múltiples identidades que hoy conviven en nuestra sociedad. En este marco el derecho a la cultura, ¿es realmente un derecho de todos?
Ya en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos disponía que todas las personas “poseen derecho a tomar libremente parte en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. La Constitución Argentina incorporó en las últimas décadas esta concepción y habla de la libertad de creación cultural, de derecho a la cultura, así como de los principios de pluralismo y de descentralización cultural.
Más allá de lo estrictamente legal, la cultura se manifiesta día a día en las diversas prácticas que construyen nuestra identidad, excediendo ampliamente la expresión artística. En este sentido, Patricia Cóppola, la subsecretaria de cultura de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), manifiesta: “El derecho a la cultura implica todo aquello que tiene que ver con la construcción de la ciudadanía, con la identidad individual y colectiva, aquello que permite concebirnos como iguales pero también como diferentes”.
Por otro lado, el abogado Alejandro Capato sostiene que el derecho de todos los ciudadanos de participar en la vida cultural tiene dos caras fundamentales: la creación y el acceso a los bienes culturales. Partiendo de la desigualdad económica reinante, hablar del derecho a la creación y producción cultural implica plantearse, tal como afirma Capato, la posibilidad real de diversos sectores sociales “de apropiarse de los recursos de la creatividad, los bienes y servicios culturales”.
El consumo cultural, por su parte, se relaciona con el modo en que los receptores se apropian de los mensajes culturales sobre la base de sus propias necesidades. Generalmente silenciado por las lógicas de mercado, se trata de un aspecto que abarca desde el conocimiento científico hasta las artes escénicas, desde las artesanías y las danzas indígenas hasta las expresiones del entretenimiento masivo. Según el teórico Néstor García Canclini, esta apropiación dinámica y creativa explica que después de cinco siglos de integración colonial y modernización, de homogeneizaciones escolares, mediáticas y políticas aún persista la diversidad cultural. De este modo, diferentes identidades han logrado subsistir hasta nuestros días resistiendo a la imposición de una cultura dominante que se pretende universal.
Así, el derecho a la cultura está lejos de ser una realidad al alcance de todos. Las instituciones educativas, los medios masivos de comunicación, las políticas estatales y otros tantos espacios que día a día construyen cultura tienen mucho por hacer en este sentido. Hasta ahora la creación, la libertad de expresión y el acceso cultural significan para muchos sectores sociales poco más que exclusión.
Desde la UNC, Patricia Cóppola expresa que las instituciones educativas deberían tener “un rol mucho más activo del que tienen” en relación con el derecho a la cultura. Es que la mayoría de las escuelas y universidades no escapan a este intento de reproducir un único horizonte cultural que niega toda diferencia. Incluso los orígenes mismos de la educación moderna, nacida en el siglo XIX, se vinculan con la necesidad de difundir la racionalidad y la civilización occidental entre toda la población, como explica la investigadora Sandra Carli. Actualmente, en un contexto de gradual globalización económica y tecnológica, este proyecto educativo va adaptándose a una supuesta mundialización de la cultura. Así, moviéndose entre universalismos y nacionalismos, el aula se aleja cada vez más de las realidades locales y cotidianas de los sujetos que busca educar.
Los medios de comunicación tienen también un gran protagonismo en este afán de homogeneización que viola el derecho a la diversidad cultural. Con el avance acelerado de las nuevas tecnologías, aparece la ilusión de que el acceso a la cultura es ya un hecho para todos los ciudadanos. Sin embargo, cabe preguntarse en qué medida el contenido difundido por los medios masivos de comunicación incluye las distintas identidades que hoy coexisten en Argentina.
La realidad cultural de los sectores populares que habitan la periferia de las grandes ciudades, de los campesinos diseminados por el interior del país, de los pueblos originarios y de los migrantes latinoamericanos, entre tantos otros, se haya muy lejos de la realidad mediática. Los contenidos que deben aprender en las escuelas tampoco los contempla. Mientras tanto, las políticas culturales se alejan cada vez más de sus espacios cotidianos. ¿Qué posibilidades tienen entonces estos grupos sociales de ejercer su derecho a la cultura?
Oculta entre los mitos de la cultura global, silenciada en pantallas y pizarrones, la diversidad cultural continúa transitando por múltiples identidades que buscan un lugar para desarrollar, expresar y hacer escuchar su propia voz.
Lucia Maina
Técnica en Comunicación Social
Posted: May 23rd, 2010 | Author: contraplano | Filed under: Uncategorized | No Comments »
El arte, desde el punto de vista del contenido, es una cuestión que pareciera ser indiscutible e incuestionable, ligada solamente a la perspectiva del creador; pero que a su vez – y más allá de parecer contradictorio – es absolutamente discutible y problemático desde diferentes puntos de vista. Entonces pareciera indefinible de una manera objetiva y precisa, y que sólo fuera posible esa definición como consecuencia de la subjetividad del artista.
Pero, ¿cuál es la razón o porqué hay que entenderlo desde puntos de vista subjetivos? Si el arte es algo general, es decir que se encuentra ligado a las identidades de las sociedades, se debe a que es en sí una relación social. Entonces, desde el punto de vista formal, el arte se puede entender como una relación social que engloba, conecta y enlaza de sentido al artista, la obra, los espectadores y el resto de la sociedad. A su vez la obra de arte, es la relación que estrecha, transversaliza y trasciende al artista y a su tiempo.
Una, entre tantas opciones para definir estas cuestiones formales del arte, dispuesta a la crítica y es la que se propone en este artículo, desde una reflexión antropológica y sociológica del arte.
El hombre, desde su condición genérica, es definido por la capacidad de transformar el mundo material- la naturaleza- que lo rodea. Esta transformación por medio del trabajo implica su capacidad de crear, de producir creativamente actos, objetos, símbolos y relaciones. Esta dimensión propia del sujeto de transformación creativa es facilitada e inspirada por el característico contenido imaginativo de ensueño y fantasía que impregna sus prácticas. Es por medio del trabajo y de la transformación de su entorno que construye su identidad social.
Estas identidades sociales se definen mediante la interacción del sujeto con su comunidad, situada territorial y temporalmente. Esto implica que los parámetros por los cuales el hombre va a definir el arte, y la dimensión estética de las prácticas, son condicionados por la actividad social de transformación y significación de la realidad. La producción que será considerada como artística, va a ser producto de una definición social de la comunidad en cuestión.
La reflexión sobre esta concepción del hombre creativo que transforma la realidad, influye directamente en la percepción del tiempo pasado, presente y futuro. Es decir que está en manos del hombre la construcción de la realidad y que el arte es un medio por el cual éste puede darle sentido a sus prácticas, y valerse de la trasformación del contexto por medio de la significación de las prácticas estéticas.
La posibilidad del hombre de imaginarse el futuro, de construirlo, de pensarse en él y de proyectarse, se pone en acto desde el momento en que el sujeto decide creativamente, por medio de una experiencia estética, redefinir sus relaciones con los pares; es decir mediante una ética. El arte, al transformar la realidad social, también transforma las relaciones entre los sujetos.
La dimensión estética entra a jugar una relación estrecha con la ética del sujeto, es decir que involucra una reflexión en la construcción de la relación con los otros cercanos y de sus valores, al considerar al arte como una relación social que implica la proximidad de los otros.
Las fuerzas expresivas del sujeto están en interacción con el contexto social, cultural y natural donde se inscriben estas prácticas. La capacidad de transformar creativamente el entorno, a la vez que genera lazos estéticos y los estrecha con el mundo social, genera también una relación de compromiso con el otro y con la comunidad como forma de proceder y desenvolverse en reciprocidad a sus iguales.
El sujeto comprometido en la construcción social del arte como proyecto de transformación de la realidad, tiene en sus manos la capacidad y los medios de cambiar las condiciones de expresión. El arte como diálogo entre el sujeto social y las disposiciones del contexto, desencadena nuevas formas de proceder en el mundo social que hacen reflexivas las prácticas de interacción e integración.
Noelia García
Estudiante de la Licenciatura en Sociología
Posted: May 23rd, 2010 | Author: contraplano | Filed under: Uncategorized | No Comments »
Los que trabajamos en el medio audiovisual, sabemos estrictamente a que nos referimos cuando hablamos de un “contraplano”. Técnicamente, el contraplano es algo así como el plano que completa el sentido de la toma que lo precede.
El contraplano tiene función sintáctica, enlaza o fragmenta, resuelve o incomoda. El contraplano se define por oposición. Su prefijo lo convierte en respuesta a. En un montaje transparente, el contraplano unifica temporal y espacialmente una escena. Le da continuidad al relato.
Hoy nuestras realidades distan de ser transparentes, el espacio y el tiempo se han convertido en dos categorías de consumo en el gran stand de la cultura global. La continuidad de nuestros relatos depende más que nunca de lo que estemos dispuestos a contar. De lo que estemos dispuestos a oponer al “plano” cotidiano, para construir en esa suma, sentido. Necesariamente deben existir lo uno y lo otro. A unos ojos deben procederle imágenes. A un grito debe seguirle el contraplano de un oído, o de vidrios rotos, o de madres que lloran.
Caminamos a diario en busca de ese Contraplano que complete nuestra historia. Que la resignifique. Porque sin contraplano no hay seducción posible, no hay clemencia. Sin contraplano no hay piedad, ni irreverencia. No hay odio, ni amor que pueda ser correspondido.
Hugo Daniel Curletto
Director de Cine y TV